jueves, 12 de enero de 2017

La magia de la noche




La noche y sus latidos me mostraron tu sonrisa como la mejor poesía no dicha. Nadie se ha atrevido a descifrarla por temor a quedar atrapado en su belleza.
Qué pésima manera de desperdiciar los encantos de una boca.

La soledad va coqueteándole a mi insomnio, buscando la manera de aliarse para golpearme con un puñado de recuerdos.
He ahí la verdadera cara de la noche: le fascina volvernos vulnerables; por eso es sólo para los valientes, para aquellos que no temen inundarse en emociones.

Me ha enseñado a echar a un lado mi cobardía y escuchar las palabras que el amor quiere decirme.
Que las madrugadas se hicieron para explorarte y descubrir que hay cada vez más de mí en ti.
Que este amor agrietado e intermitente jamás ha sido en vano. Yo conocí la alegría con sólo tomar tu mano.

No es tan mala como creían. Hay tanta verdad escondida en su oscuridad, y tanta belleza escondida en su verdad.
Convirtió tus ojos en mi luna y tus lunares en estrellas, haciendo trazos en ellas para crear constelaciones, y yo deseando que no amanezca para así admirar más de tu luz.

Desde acá puedo sentir tus ganas y la melodía de tus jadeos, tus susurros a mi oído, tus huellas en mi cuerpo.
Voy siguiendo tu rastro hasta llegar de nuevo a tus labios.
Gracias a ellos pude encontrar sentimientos que había perdido.

La magia de la noche logró una vez más su cometido: saberme de nuevo en tu camino.

lunes, 11 de abril de 2016

Esos ojos




Esos ojos me tienen al borde de la locura, me regresan a la cordura, me apagan y me encienden, me han dado y me han quitado tanto, pero siento que con ellos lo tengo todo.

Esos ojos que me acercan y me alejan, que me olvidan y me extrañan, que me quieren y me odian, que cansados, a veces se rinden. Mi intención no ha sido otra que adorarlos, aunque les cause mil dudas, aunque se vayan marchitando.
Quisiera dedicar cada minuto de mi tiempo a complacerlos, pero, ¿para qué hablar de tiempo? si deja de existir cuando me hundo en tu mirada.

Ojos tan bellos como decepcionados que se han convertido en mi refugio. Me inspiran poesía, me construyen horizontes, me regalan otros mundos para luego arrebatármelos. Ya no sé si los tuve por suerte o por pura casualidad.

Quién diría que esos ojos fríos lograrían encenderme el alma.
Quién diría que esta alma vacía llenaría tu mundo de sonrisas.
Quién diría que tu sonrisa sería capaz de provocarme insomnios.
Quién diría que los insomnios me parecerían agradables desde entonces.
Quién diría que desde entonces yo sabría lo que es querer.

No importan las guerras que enfrentemos en el camino, yo encuentro la paz al mirar la luz de tus pupilas.
No te pido que regreses porque quizás te he fallado. Pero si me pierdo en ese océano de tus ojos, quizás ahí vuelva a encontrarte.

Puede que mi cuerpo se haya ido, pero mis ganas siguen donde las dejaste.
Y es que después de tanto tiempo, aún no he aprendido a despedirme de esos ojos.

martes, 26 de noviembre de 2013

Mi plato principal





Cada día contigo es mejor que el anterior. Las sonrisas son más constantes, más enormes, más sinceras.
A tu lado todo parece volverse menos complicado. 
Mejor aún, lo complicado no existe y hasta oír tu voz se ha vuelto perfecto para mí.

Mirarte a los ojos es encontrarme, entenderme, delatarme, deleitarme, y un sinfín de cosas que me hacen no querer apartarme. Y es que cuando te miro a los ojos, desaparecen por completo las dudas.
Tu mirada es de esas que delatan sentimientos. 

Me conoces mucho más de lo que crees, me conoces más de lo que yo me conozco y sabes bien que lo único que ansío es que nos pertenezcamos.
Sin siquiera dudarlo, sin siquiera pensarlo, me quedaría a vivir entre tus brazos si me dejaras.

Te pido que pongas en mí aunque sea una pizca de confianza. No te rindas antes de haberlo intentado, porque quiero entrar a tu vida con la intención de quedarme.
Llámame error y cométeme las veces que quieras. Haz que valga la pena mi esfuerzo por tratar de entenderte.

Te has convertido en mi sinónimo y mi antónimo. 
Yo sólo espero que el sentimiento sea recíproco, que te vayas acercando poco y me cumplas mi deseo de cansarme contigo. 
No hagas que suplique, cánsate conmigo.

Dime qué hago con estas ganas de besarte. No me parece justo seguirlas reprimiendo.
Cada lunar que habita en mi piel mataría por conocer el sabor de tus labios, aprendérselo de memoria, olvidarlo y conocerlo nuevamente, y así sucesivamente hasta que te canses de mis ganas.

Llega puntual a mis labios. Sabes que no poseo el don de la paciencia.
Date prisa y bésame la distancia entre mi vida y la tuya.
No voy a dejarnos en manos del destino, porque no hay nada que anhele más que estar en todo momento a sólo milímetros de tu boca.
Ya no me queda más remedio que confesarlo de una vez por todas:
Eres mi antojo, mi plato principal.

martes, 2 de julio de 2013

Volverás





Mírame aquí: esperando a que tu orgullo por fin desaparezca y de una vez por todas aceptes que aún me quieres. Aunque cada segundo tratas de engañarte, y por lo que veo, no has podido.

Mírate ahí: deseando regresar, queriendo no pensar, buscando la manera de acostumbrarte a otros labios, pero tú sólo sabes besar los míos.
No insistas en hacerlo cuando sabes que no puedes.
Ambos somos conscientes de que jamás hemos podido permanecer distanciados. Parece que, independientemente de la decisión de separarnos, el destino insiste en juntarnos nuevamente, y no hay quien pueda contra él. Pero lo he pensado y tal vez tiene la razón.
Somos la más clara prueba de que los opuestos se atraen.

Siempre me ha gustado ser sincera y hoy admito que te extraño, nos extraño.
Me extraño a mí con esa sonrisa, a ti con esa mirada, a nosotros con esos besos. Vamos, te conozco, sé que tú también.

Tú siempre has sido terriblemente indeciso: no sabes si quererme o dejarlo para después.
Yo no soy paciente, no me hagas esperarte.

Confieso que han sido duras estas madrugadas solitarias llenas de melancolía. Madrugadas en las que el insomnio se ha apoderado de mí completamente y ha recordado mi mente los momentos a tu lado.
Mi mala memoria hace que me olvide de absolutamente todo, menos de ti.

He empezado a enloquecer y tú te has vuelto un espejismo: te abrazo, pero no te siento.
Para ti también ha sido duro, aunque intentes demostrar lo contrario. Ya me han contado de tus noches frente a la ventana imaginando verme llegar. Siempre con un cigarrillo de acompañante para que te vayan matando al mismo tiempo la nicotina y el amor.

No somos tan fuertes como para pelear contra un sentimiento. No funcionamos separados.
Nos hemos marchado y regresado tantas veces que ya conocemos el camino de memoria.
Estoy segura de que no se nos hará tan difícil. Volverás al darte cuenta de que no son mis manos las que te tocan ni son mis labios los que te besan.
Por favor, amor, termina de tomar la decisión.
He escuchado repetidas veces que el amor jamás dura para siempre. Hoy te pido que vengas y demostremos poder ser la excepción.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Sé que el cigarrillo daña mis pulmones, pero ¿y qué? tú poco a poco fuiste dañando mi vida y aún así no te quise dejar.

lunes, 6 de agosto de 2012

Desafortunada





Estos ojos ciegos y masoquistas que no han querido ver que los tuyos prefieren mirar los de otra.
Estos oídos que se hacen los sordos para no escuchar ni darse cuenta de que esos "te amo" no son para ellos.
Estos dedos están muriendo poco a poco por no poder tener la dicha de entrelazarse con los tuyos.
Y tú que no vienes a complacerlos para que puedan mantenerse con vida.

Ya no sé de qué manera explicarle a mi cuerpo que aún le falta mucho para poder recibir tus caricias.
La cama se queja por las noches, por su sueño frustrado de que reposes sobre ella.
Estos labios secos todavía no logran recibir un beso de tu boca húmeda.
Me he cansado de decirle a mis manos que dejen de buscarte, que no les perteneces... pero ellas están seguras de que algún día van a poder tocarte.
Y estos pies tan idiotas que quieren vivir caminando por el camino que recorres.

¡Qué corazón tan terco! le dije que no debía enamorarse y mira lo romántico e iluso que se ha vuelto. Ya hasta ha querido que te cante canciones al oído, y mi estúpida cabeza ha estado de acuerdo.
Te ha imaginado unas cuantas veces acostado sobre mi regazo y yo acariciándote la vida.
Me ha imaginado amarrada a tu cuerpo cada noche antes de tomar la siesta.
Mira todo lo que has causado.
Has hecho que aquí todos se vuelvan locos por tu estúpida sonrisa que siempre logra todo lo que quiere y ha vivido distanciada de la mía.
Qué afortunada es esa chica que camina a tu lado... la hiciste dueña de tus labios.
Yo soy todo lo contrario: desafortunada por no tenerte, y porque ni siquiera he logrado hacer que mi vida se dé cuenta de que aún falta mucho para que a la tuya le den ganas.

jueves, 12 de julio de 2012

Desamor




Siempre fui la chica torpe e insegura a la que nada le salía bien.
La que siempre ponía la misma piedra en su camino para volver a tropezar una y otra vez.
La que quería un cambio en su vida, pero le tenía miedo al cambio.
La que nunca fue buena tomando decisiones.

Entonces así me quedé: abrazando la ausencia y dándole besos al viento, porque aunque había alguien durmiendo del otro lado de la cama, era casi lo mismo que estar sola. Estaba acompañada, pero sola.
Hace mucho que no sentía el sabor de un beso sincero ni un abrazo que me quitara el frío.
Hace mucho que no despertaba con una sonrisa por las mañanas, que no sabía lo que significaban las palabras "amor" y "felicidad".

Finalmente decidí quitar la piedra del camino y dejar de tenerle miedo a la soledad, porque al fin y al cabo, la soledad no es tan mala compañía. Aunque no niego que la vida sería más agradable si tuviera alguien con quien gastarme los labios, alguien que me dejara vivir en sus brazos. Pero en vez de buscar eso a lo que le llaman "amor", me pasé la vida mintiéndome a mí misma, haciéndome creer que era feliz a tu lado, cuando realmente era todo lo contrario.
Me mentí tanto que perdí la confianza en mí. Ya no me creo ni una palabra de lo que digo.

Es una lástima saber que, no habiendo hecho nada, fue que nos hicimos tanto daño.
Todo porque el corazón dejó de latir fuerte cuando estábamos cerca, la piel dejó de erizarse con cada caricia, las miradas dejaron de mirarse y a los labios se les olvidó cómo besar. Dejamos de querer enamorarnos.

Se nos rompió el amor y jamás encontramos las piezas, tal vez ni siquiera hicimos el intento de buscarlas.
Créeme, traté de buscar razones para quedarme, pero lo único que encontré fueron más razones para marcharme. Porque al parecer, esta historia que hicimos los dos, no fue de amor, sino de desamor.