Cada día contigo es mejor que el anterior. Las sonrisas son más constantes, más enormes, más sinceras.
A tu lado todo parece volverse menos complicado.
Mejor aún, lo complicado no existe y hasta oír tu voz se ha vuelto perfecto para mí.
Mirarte a los ojos es encontrarme, entenderme, delatarme, deleitarme, y un sinfín de cosas que me hacen no querer apartarme. Y es que cuando te miro a los ojos, desaparecen por completo las dudas.
Tu mirada es de esas que delatan sentimientos.
Me conoces mucho más de lo que crees, me conoces más de lo que yo me conozco y sabes bien que lo único que ansío es que nos pertenezcamos.
Sin siquiera dudarlo, sin siquiera pensarlo, me quedaría a vivir entre tus brazos si me dejaras.
Te pido que pongas en mí aunque sea una pizca de confianza. No te rindas antes de haberlo intentado, porque quiero entrar a tu vida con la intención de quedarme.
Llámame error y cométeme las veces que quieras. Haz que valga la pena mi esfuerzo por tratar de entenderte.
Llámame error y cométeme las veces que quieras. Haz que valga la pena mi esfuerzo por tratar de entenderte.
Te has convertido en mi sinónimo y mi antónimo.
Yo sólo espero que el sentimiento sea recíproco, que te vayas acercando poco y me cumplas mi deseo de cansarme contigo.
No hagas que suplique, cánsate conmigo.
Dime qué hago con estas ganas de besarte. No me parece justo seguirlas reprimiendo.
Cada lunar que habita en mi piel mataría por conocer el sabor de tus labios, aprendérselo de memoria, olvidarlo y conocerlo nuevamente, y así sucesivamente hasta que te canses de mis ganas.
Llega puntual a mis labios. Sabes que no poseo el don de la paciencia.
Date prisa y bésame la distancia entre mi vida y la tuya.
No voy a dejarnos en manos del destino, porque no hay nada que anhele más que estar en todo momento a sólo milímetros de tu boca.
Ya no me queda más remedio que confesarlo de una vez por todas:
Eres mi antojo, mi plato principal.

