martes, 26 de noviembre de 2013

Mi plato principal





Cada día contigo es mejor que el anterior. Las sonrisas son más constantes, más enormes, más sinceras.
A tu lado todo parece volverse menos complicado. 
Mejor aún, lo complicado no existe y hasta oír tu voz se ha vuelto perfecto para mí.

Mirarte a los ojos es encontrarme, entenderme, delatarme, deleitarme, y un sinfín de cosas que me hacen no querer apartarme. Y es que cuando te miro a los ojos, desaparecen por completo las dudas.
Tu mirada es de esas que delatan sentimientos. 

Me conoces mucho más de lo que crees, me conoces más de lo que yo me conozco y sabes bien que lo único que ansío es que nos pertenezcamos.
Sin siquiera dudarlo, sin siquiera pensarlo, me quedaría a vivir entre tus brazos si me dejaras.

Te pido que pongas en mí aunque sea una pizca de confianza. No te rindas antes de haberlo intentado, porque quiero entrar a tu vida con la intención de quedarme.
Llámame error y cométeme las veces que quieras. Haz que valga la pena mi esfuerzo por tratar de entenderte.

Te has convertido en mi sinónimo y mi antónimo. 
Yo sólo espero que el sentimiento sea recíproco, que te vayas acercando poco y me cumplas mi deseo de cansarme contigo. 
No hagas que suplique, cánsate conmigo.

Dime qué hago con estas ganas de besarte. No me parece justo seguirlas reprimiendo.
Cada lunar que habita en mi piel mataría por conocer el sabor de tus labios, aprendérselo de memoria, olvidarlo y conocerlo nuevamente, y así sucesivamente hasta que te canses de mis ganas.

Llega puntual a mis labios. Sabes que no poseo el don de la paciencia.
Date prisa y bésame la distancia entre mi vida y la tuya.
No voy a dejarnos en manos del destino, porque no hay nada que anhele más que estar en todo momento a sólo milímetros de tu boca.
Ya no me queda más remedio que confesarlo de una vez por todas:
Eres mi antojo, mi plato principal.

martes, 2 de julio de 2013

Volverás





Mírame aquí: esperando a que tu orgullo por fin desaparezca y de una vez por todas aceptes que aún me quieres. Aunque cada segundo tratas de engañarte, y por lo que veo, no has podido.

Mírate ahí: deseando regresar, queriendo no pensar, buscando la manera de acostumbrarte a otros labios, pero tú sólo sabes besar los míos.
No insistas en hacerlo cuando sabes que no puedes.
Ambos somos conscientes de que jamás hemos podido permanecer distanciados. Parece que, independientemente de la decisión de separarnos, el destino insiste en juntarnos nuevamente, y no hay quien pueda contra él. Pero lo he pensado y tal vez tiene la razón.
Somos la más clara prueba de que los opuestos se atraen.

Siempre me ha gustado ser sincera y hoy admito que te extraño, nos extraño.
Me extraño a mí con esa sonrisa, a ti con esa mirada, a nosotros con esos besos. Vamos, te conozco, sé que tú también.

Tú siempre has sido terriblemente indeciso: no sabes si quererme o dejarlo para después.
Yo no soy paciente, no me hagas esperarte.

Confieso que han sido duras estas madrugadas solitarias llenas de melancolía. Madrugadas en las que el insomnio se ha apoderado de mí completamente y ha recordado mi mente los momentos a tu lado.
Mi mala memoria hace que me olvide de absolutamente todo, menos de ti.

He empezado a enloquecer y tú te has vuelto un espejismo: te abrazo, pero no te siento.
Para ti también ha sido duro, aunque intentes demostrar lo contrario. Ya me han contado de tus noches frente a la ventana imaginando verme llegar. Siempre con un cigarrillo de acompañante para que te vayan matando al mismo tiempo la nicotina y el amor.

No somos tan fuertes como para pelear contra un sentimiento. No funcionamos separados.
Nos hemos marchado y regresado tantas veces que ya conocemos el camino de memoria.
Estoy segura de que no se nos hará tan difícil. Volverás al darte cuenta de que no son mis manos las que te tocan ni son mis labios los que te besan.
Por favor, amor, termina de tomar la decisión.
He escuchado repetidas veces que el amor jamás dura para siempre. Hoy te pido que vengas y demostremos poder ser la excepción.